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Sin recursos materiales no hay Tikún Olam: La ética de la acción y el dinero

Por qué el judaísmo racional no idealiza la pobreza, sino que exige el éxito financiero íntegro para reparar la realidad.

Vídeo oficial de acompañamiento: Finanzas personales y bienes raíces con el Rabino Jacques Cukierkorn.

Existe un "elefante en la habitación" en la cultura occidental cuando se habla de espiritualidad y dinero. Muchos sistemas de pensamiento y religiones tradicionales han idealizado la pobreza, enseñando de manera sistemática que la privación material es una señal de pureza de alma y que el éxito financiero nos aleja de lo divino. Sin embargo, en el pensamiento judío racional, esta perspectiva no solo es ilógica, sino que contradice directamente nuestro mandamiento supremo de perfeccionar la creación.

La famosa frase de la tradición que declara que "sin harina no hay Torá" ilustra esta verdad pragmática: si una persona no tiene garantizado el sustento de su mesa, no posee la tranquilidad mental para dedicarse a la elevación intelectual y moral. No podemos alimentar al hambriento, vestir al desnudo ni construir sinagogas virtuales sin fronteras con meras intenciones o hermosas oraciones pasivas. Requerimos herramientas, tecnología y capital para materializar la justicia en este mundo físico.

El verdadero secreto de la prosperidad: Trabajo duro e innovación

Cerca del año nuevo civil, es común que la gente busque rituales mágicos o "simpatías" —escribirse números, comer siete uvas o usar prendas de colores específicos— con la ilusión de atraer dinero fácil. En mi experiencia, cuando la gente me busca esperando un truco esotérico o kabalístico para ganar la lotería, mi respuesta siempre les cae como un balde de agua fría: **el único secreto judío infalible para la prosperidad es trabajar de forma inteligente, innovar y ser íntegros.**

En la vida financiera, yo siempre le repito una regla muy simple a mis hijas y estudiantes: o vas a pagar intereses o vas a recibir intereses; no existe un término medio. El judaísmo no te pide que te conformes con la mediocridad. Al contrario, la Torá nos presenta el trabajo continuo como una actividad sagrada. De hecho, la jubilación del propósito no existe en nuestra filosofía: el ser humano fue creado para mantenerse activo, agregando valor a la sociedad mediante su intelecto e integridad hasta su último suspiro.

Tzedaká: La obligación de hacer justicia, no "caridad"

Es indispensable aclarar un término hebreo fundamental que ha sido pésimamente traducido en occidente: **la Tzedaká.** Cuando se traduce como "caridad", se asume un acto voluntario que nace de la lástima o de la condescendencia hacia quien no tiene. Sin embargo, la raíz lingüística de la palabra es Tzedek, que significa rigurosamente **justicia.**

Para el judaísmo, donar el diez por ciento de nuestras ganancias (*Maaser*) no es una sugerencia de buena voluntad para cuando te sientas generoso; es un imperativo legal de justicia distributiva. Si has tenido la astucia y la salud para generar abundancia en tus negocios, debes recordar que una parte de ese recurso no te pertenece: fue depositada en tus manos por el Creador con el único propósito de que actúes como su administrador ético, utilizándolo para nivelar la balanza y sostener la dignidad de los más vulnerables.

Un gran personaje bíblico como Labán nos enseña la trágica lección de lo que ocurre cuando la ganancia deshonesta y la avaricia ciega se vuelven más importantes que las personas. Al final de su vida, a pesar de acumular riquezas, Labán terminó completamente abandonado, solo e ignorado por su propia familia. El dinero mal habido o acumulado con egoísmo genera un vacío espiritual profundo. El dinero bien habido, en cambio, es una fuerza vital para transformar la realidad.

«La riqueza deshonesta es como una cáscara vacía; el verdadero valor del dinero no se mide por lo que puedes comprar, sino por la cantidad de libertad y dignidad humana que eres capaz de financiar con él».

— Rabino Jacques Cukierkorn

Justicia con justicia: El valor inquebrantable de tu reputación

En mis clases de administración de empresas, siempre recuerdo una de las enseñanzas más hermosas de la Mishná en el tratado de Pirké Avot. Allí se nos relata cómo el sabio Hilel, al ver una calavera flotando en el agua, reflexionó sobre cómo la violencia genera más violencia. Y nos enseñó que no basta con buscar un fin noble; el proceso para alcanzarlo debe ser impecable. De allí surge el famoso principio: «Justicia, justicia buscarás». El uso de la palabra duplicada nos advierte que debemos buscar la justicia exclusivamente a través de métodos justos.

En los negocios, esto se traduce en una regla de oro de la ética comercial judía: **puedes perder dinero y tener la capacidad de recuperarlo con esfuerzo inteligente, pero si pierdes tu reputación, es casi imposible recuperarla de regreso.** De nada sirve presumir de un gran imperio financiero si el lodo de la deshonestidad ha manchado tu nombre.

El Tikún Olam requiere que dejes de ser un simple observador pasivo que espera milagros mágicos del cielo. Dios nos entregó un mundo deliberadamente incompleto para que seamos sus socios activos en su conclusión. Tu trabajo diario, ya seas médico, panadero, administrador o constructor, es la herramienta con la que realizas esa tarea sagrada.

Te invito a dar hoy el paso hacia el compromiso moral de tu retorno espiritual. En la mesa larga de **Brit Brajá**, tu silla ya está reservada y lleva tu nombre escrito.

¡Shalom!

(Y como siempre les recuerdo en mis videos: si este ensayo les aportó claridad e intelecto, compártanlo con sus amigos para que ellos también aprendan. Y si no les gustó en lo absoluto... ¡compártanlo con sus enemigos para que ellos también pierdan su valioso tiempo leyéndolo!)